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SENTIMIENTO DE CULPA

¿Sentirse culpable es bueno o malo? ¿Es útil?

Mujer sintiéndose culpable y mal

La culpa, qué sentimiento más complejo y poderoso.


La culpa, por mucho que la tachen de algo horrible que hay que eliminar, tiene una función adaptativa y es necesaria, pues nos ayuda a reconocer e identificar los errores y nos da la ocasión de emplear herramientas de ajuste o reparación. Sin esta culpa, no podríamos “enmendar” las transgresiones de normas éticas o límites, además de ser signo de que tenemos remordimientos. La falta de culpa, de hecho, sería algo patológico y podríamos hablar de psicopatía. Por lo tanto, la culpa es un sentimiento válido al que se debe aceptar y, tal y como explico en el cuaderno “Escucho a tu cuerpo”, las emociones o sentimientos no son el problema, por muy desagradables que sean, no son nuestro enemigo, todo lo contrario: es la prueba de que nuestro organismo busca lo mejor para nosotros. En este caso, la culpa serviría de alarma de una posible rotura de límites o códigos éticos.


Bien es cierto que también existe una culpa que es “desadaptativa”, la cual ocurre cuando esa alarma de la que hablábamos es constante, cuando existe un código implacable, y un castigo exagerado. Todo esto, esta culpa disfuncional, desencadena esa sensación de que no acabo de disfrutar, de que algo está mal. Cuando sentimos esto, una culpa que es un lastre demasiado pesado, es cuando tenemos que parar y evaluar qué está pasando.

Para que se dé este sentimiento debe haber una interpretación o una valoración negativa de nuestros propios actos y, por ende, una emoción de malestar que se desencadena. Por ejemplo: una madre que queda con sus amigas dejando a su bebé en casa de sus padres o con su pareja y que se siente "mala madre" por actuar así y, por lo tanto, se siente culpable por "abandonar" a su hijo/a y no estar a su lado.


Es en esa interpretación negativa dónde se puede intervenir. Las variables que van a influir en el tipo de valoración que hacemos del hecho objetivo y/o de uno/a mismo/a son diversas: la educación que hemos recibido en la infancia, nuestros iguales, medios de comunicación, religión y cultura, momento social… El trabajo psicológico estará orientado a la flexibilidad y tolerancia ante los acontecimientos, la aceptación, incluso la empatía con nosotros mismos o autocompasión, lo cual ayudará con ese sentimiento de culpa.

Reitero que el objetivo no es hacer desaparecer la culpa. Una buena opción es visualizar esta culpa como una oportunidad de mejorar, de aprendizaje, y no como un fracaso.

El sentimiento de culpa es el signo de que un hecho nos está haciendo daño (ojito con esto) o puede estar dañando a otra persona, lo cual facilita darnos cuenta de que eso no está bien y podemos reevaluar y buscar una solución.

Mujer con sentimiento de culpa y triste

Es vital poder parar y preguntarnos por qué siento eso, qué me hace sentir así. Una vez reconozcamos el desencadenante de este sentimiento, ya sea real o sólo esté en nuestra cabeza, podremos analizar ese acto desencadenante de forma neutral (es recomendable hacer esto en un contexto terapéutico que nos permita tomar una perspectiva “objetiva”, sobre todo si es algo que nos cuesta al principio dado que al hacerlo de manera individual se corre el riesgo de contaminar el análisis con esas variables socioculturales que comentábamos además de otras tantas individuales, pero sí, es posible llegar a hacerlo por nosotros mismos).


Otro hecho esencial es darnos permiso para sentir ese malestar, porque, no me cansaré de decirlo, el sentimiento en sí, no es algo malo o negativo. Por eso, escúchalo (porque las emociones siempre tienen algo que decirnos) y dale voz, exprésalo.


Evidentemente, si es posible, el siguiente paso sería buscar y llevar a cabo una conducta reparadora. Tal vez sea un “perdón, lo siento”, o quizá algo más elaborado. Hay que tener en cuenta que no siempre dependerá de nosotros, y eso es algo que también debemos aceptar. Súper importante también entender que, en otras ocasiones, nos tendremos que disculpar a nosotros mismos, algo que parece sencillo, pero no siempre lo es.


Aquí os voy a contar mi experiencia. Yo, como humana (y mujer) que soy, he sido educada en la culpa. Esto lo digo porque a todos nos han hecho sentir mal en algún momento (y en más de uno) por, permitirme que lo diga, tonterías o, j***r, cosas que ni siquiera eran nuestra movida. En fin. Añado a esto que, por simplemente haber estudiado (o en ese momento estar estudiando) psicología, parecía que no tuviese derecho a levantar la voz, maldecir, tener orgullo y, en general, tener conductas que no fuesen 100% correctas. Entonces, cuando las cometía, me sentía culpable, por eso enseguida trataba de subsanar y, mientras que a la otra persona sí le permitía no tener las mejores formas, conmigo era súper crítica.

Cuando me daba cuenta de esto, de este doble rasero, y de que, tío, esa persona quizá se merecía un grito o que le pusieran los puntos sobre las íes, pues, para colmo, me sentía mal conmigo misma, culpable de estar fallándome, a mí y a mis derechos, mi derecho a no ser asertiva, a estar harta, a defender mi opinión, a equivocarme, incluso, por qué no decirlo, he llegado a sentir que, de alguna manera, le estaba fallando al feminismo (o por lo menos a mi activismo feminista) por callarme ante esa situación. Es que el peso que se siente en la espalda es horrible. Y confieso que esa sensación (o todas ellas), las sigo sintiendo y continúo notando ese peso en mis hombros, pero trabajo en darle otro significado distinto que entonces le daba.


También he conocido casos, y diría que es más común de lo que se podría imaginar, en los que la culpa se convierte en un mecanismo de defensa. Ocurre cuando, para tapar u ocultar un sentimiento mucho más profundo, desagradable y “pesado”, aflora la culpa. Son situaciones en las que nos sentimos culpables por actos en los que, en realidad, poco tenemos que hacer. Creo, y aquí hablo de lo que yo he conocido, que el sentimiento que más se suele esconder detrás de la culpa es la tristeza o la pena. Una tristeza inmensa por una pérdida, porque otra persona importante para nosotros está pasando un mal momento, por un acontecimiento que ha dañado a otras personas…, incluso pena por mí, por lo que he tenido que vivir o con lo que he tenido que lidiar. Todos estos ejemplos tienen en común justo eso: que no podríamos haber hecho nada porque no está en nuestras manos. ¿Cómo podemos identificar si esta culpa proviene de un acto del que somos responsables o no? Realizando el análisis que hemos explicado anteriormente con neutralidad, lo cual, en estos casos especialmente, es muy complejo.

Niña triste

¿En qué se diferencia ser responsables de ser culpables? La responsabilidad da oportunidad de cambiar la situación, y da control entendiéndolo como la capacidad de poder modificar los factores influyentes; sin embargo, la culpabilidad, especialmente la culpa desadaptativa, lastra y castiga. En los momentos que se han explicado antes, esos en los que surge el sentimiento de culpa como un mecanismo de defensa que esconde, por ejemplo, pena (de mí o de otra/s persona/s), aunque parezca paradójico -porque también es un sentimiento desagradable, y mucho -, la culpa ayuda a sobrellevar la situación, pues la sensación de que somos responsables de alguna manera nos da también la sensación de control y nos hace agarrarnos a la esperanza de que no tiene por qué volver a pasar porque existe la oportunidad de cambiar cosas que están en nuestra mano. Esto podemos explicarlo haciendo referencia a las víctimas de abuso sexual infantil. Uno de los sentimientos más habituales entre estas personas, es la culpa. Quizá desde fuera parezca obvio que esos niños y niñas no son culpables (ni responsables) de nada, sino que fue el agresor, pero recordemos que el sentimiento de culpa en estas ocasiones es un mecanismo de defensa.

De alguna manera, este sentimiento les protege de una tristeza profunda, de una pena inmensa, y de un dolor horrible, por lo que han vivido, por lo que le han hecho, por la herida que les ha dejado esta experiencia traumática. Sentir culpa, incluso, les puede permite tener la creencia de que podían haber hecho algo, y, por eso, que si se volviese a dar la situación, “podrían cambiar las cosas”; que si no la pararon, “fue porque ellos no quisieron”, que el agresor (entre el 65 y 85% de las ocasiones perteneciente al círculo social o familiar de la víctima), “no es el culpable” (esto ya es meterse en el terreno de las “figuras referentes”), que nadie más tiene por qué vivirlo porque “es algo que se puede controlar”, y otras muchas creencias que para nada son ciertas porque el culpable y responsable SIEMPRE será el agresor.


Ojo, porque no siempre la culpabilidad es más llevadera que la tristeza profunda o la pena, pero sí que de vez en cuando, según el momento, puede estar protegiéndonos de un daño mayor.

Sentimiento de culpa

A lo mejor tras leer esto, tu mente ha hecho un “clic”, o quizá no. Tal vez pienses que, a partir de ahora, tu culpa, por lo menos la desadaptativa, se va a terminar, pero lamento decirte que esto no es así. La culpa es un sentimiento muy poderoso, complicado y arraigado en nuestro interior, especialmente en casos en los que nos ha ayudado a protegernos. Por eso, no te frustres presionándote a acabar con ella rápido. Ajustar y regular la culpa (que no eliminarla), para que sea lo más funcional y adaptativa posible, requiere un arduo trabajo, esfuerzo y compromiso, recomendablemente, como decía, de la mano de profesionales de la salud mental.





María Vilar Psicología Sentimiento de culpa

María Vilar


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